El pasado 30 de Diciembre conseguimos ponernos todos de acuerdo en ir al cine. Teníamos interés en ver «Avatar», (típico estreno mega-taquillero pero de dudosa calidad) en tres dimensiones, por probar algo diferente. El suplemento en los cines Luz del Tajo por verla con las famosas gafas de cartón era de 3€, lo que convierte la bromita en 8,5€ (día del espectador o carnet joven), aunque no quiero imaginar cuánto saldría en Madrid.
Las entradas para «Avatar» en 3-D se acabaron, así que hubo diversidad de opiniones. ¿Ver «Avatar» en el formato habitual? Tenía entendido que no tenía un gran argumento, aunque sí buenos efectos especiales. La cartelera era desoladora, aunque había una joya escondida: «Celda 211», producción española de buena calidad. Allí entramos Sevi, Lucía, Carmen y yo, mientras que los demás se dividieron entre «Avatar» y «Spanish Movie» (¡qué valor!).
«Celda 211» es una buena película que cuenta una historia interesante ambientada en una cárcel española, merece la pena.
Tenía muchas ganas de ver «9», película que creo que ha pasado algo desapercibida a pesar de tener un estreno bastante llamativo (el pasado 9/09/09). El filme tenía todas las papeletas para que me gustara: animación 3D, producción de Tim Burton y desarrollado en un mundo post-apocalíptico (recuerda mucho a los Animatrix).
En cierta medida me resultó entretenida, aunque tampoco es gran cosa. Aún así le reservo un hueco en la colección de películas de temática Matrix. Vi con Carmen la versión original de «9», que cuenta con un doblaje “de celebridades”: Elija Wood y Jennifer Connelly entre otros. La banda sonora está compuesta por el gran Danny Elfman.
A pesar de que el póster de «The Hangover» no me motivaba absolutamente, y aún sabiendo que su título en España es «Resacón en las Vegas», Carmen y yo decidimos ver la película.
Nos llamó mucho la atención su increíble recaudación y su flamante 8,1/10 en Internet Movie Database (IMDb). Aquel fue uno de esos días en que nos cuestionamos en qué estaban pensando los que puntuaron este zurrón de filme.
No han sido pocos los que me han preguntado estos últimos días por qué he visto tanto cine español. Algunos incluso me han dicho que se trataban de malas películas, aún incluso sin haberlas visto. ¡Para criticar primero hay que conocer, señores!
Y es que estas cosas no deberían ni explicarse: los españoles, en su mayoría, somos unos incultos del cine español. Hay que reconocerlo. Se nos llena la boca de decir, por ejemplo, que Almodóvar es un pésimo director, cuando luego la mayoría de los que lo dicen no ha visto ninguna película suya.
Desde mi gusto personal, creo que hasta ahora no me ha gustado «La mala educación», pero el resto (especialmente «Volver» y «Los abrazos rotos») han sido historias buenas, interesantes… o por lo menos entretenidas.
Evitando describir las analogías con la novela gráfica de mismo nombre en la que se basa, diré que «Surrogates» es una buena película, entretenida e interesante. Eso sí, se hace un tanto breve.
Le respalda una idea simple, pero formidable: ¿cómo se desarrollaría el mundo si cada persona pudiera controlar mentalmente a un robot (surrogate, sustituto) desde su propia casa?
Resulta fantástico ver cómo se desarrollan las guerras en esta nueva época, parecen literalmente videojuegos (reminiscencias también a la gran novela «El juego de Ender»).
Sin duda lo mejor de toda la película es el dilema moral que plantea entre las relaciones no-humanas y hasta cuánto estamos dispuestos a pagar por un mundo de superficialidad. ¿Es realmente lo que queremos?
Tenía muchas ganas de ver «District 9» porque cuenta otra historia más de humanos y extraterrestres pero desde un punto de vista que me llamó la atención: la trama se cuenta casi en forma de documental, lo que le proporciona un realismo absoluto. Parece que todo lo que se relata está ocurriendo, como si se tratara de un suceso de telediario.
Los extraterrestres por alguna razón decidieron situarse hace unos años sobre la ciudad de Johannesburgo, y la raza humana los mantiene aislados en el distrito 9 como si se tratara de una banda callejera muy peligrosa.
La película no está mal, pero me esperaba que hubiera más contacto intelectual entre humanos y extraterrestres; sin embargo la película cuenta una historia al margen de eso (así que mejor no lo cuento).
Los extraterrestres, por cierto, se representan como criaturas algo asquerosas e indefensas, un poco agresivos pero con algo de intelecto, condenados a vivir en la Tierra por no disponer de los recursos necesarios para volver a casa. De todas formas, se trata de un nuevo enfoque muy realista como película de ciencia ficción, y sólo por eso la recomiendo.
El otro día vi «The Oxford murders» en versión original subtitulada. La película parecía encajar un poco con uno mis estilos favoritos (con tintes nerds), ya que está ambientada en un mundo universitario donde conviven alumno y profesor y ambos intentan resolver un misterio (en este caso, una serie de crímenes).
La película es entretenida pero tampoco es gran cosa: como trama adyacente, el protagonista (Elijah Wood), tiene varios escarceos amorosos en su llegada a Oxford y no terminan de aportar mucho a la historia.
Otro de los puntos flacos de la película son las pistas que aparecen en cada crimen: una serie de símbolos pitagóricos que podrían encontrarse en cualquier libro de texto. Por ejemplo, podría haberse añadido cierta complejidad matemática, ya que se menciona el último teorema de Fermat recientemente demostrado (aunque con distinto nombre).
«Crimen ferpecto» es una entretenida comedia de Álex de la Iglesia, ambientada en las dependencias de unos grandes almacenes. El soberbio monólogo de Guillermo Toledo (como Rafael González) al comienzo de la película es sencillamente genial.
¡Gran película «Sunshine»! pero… un final ciertamente decepcionante, que hace uso del recurso fácil: ocurren acontecimientos que no tienen sentido alguno (o al menos muy poco científico). Sin embargo la película se salva debido a las geniales primeras escenas.
La historia desde el primer momento me sedujo: por alguna razón el Sol está terminando de consumir su energía y un conjunto de personas cualificadas se embarca en una misión suicida: transportar y lanzar una gigantesca bomba al astro para reactivarlo. Pero no son los primeros que lo intentan: la nave pilotada es la Icarus II, ya que la anterior (de mismo nombre) no consiguió finalizar la misión.
Lo que me encantó de la película es lo bien pensados que están los miembros de la tripulación: además del carácter militar y científico en la misión, hay un psicólogo y una bióloga, que se encargan de cuidar la vida humana y no humana, respectivamente, a bordo de Icarus II (la nave transporta un completo invernadero que proporciona oxígeno y algunos alimentos para tal largo viaje).
El otro día vi «Equilibrium» (en versión original en DVD), filme que se desarrolla en un futuro cercano, donde los seres humanos deciden deliberadamente abandonar sus emociones y sentimientos (gracias a las dosis periódicas de una droga, Prozium) al considerarlos el verdadero problema de la humanidad.
Bajo unos escenarios asépticos libres de decoración existen los clérigos, que no son nada más que el mayor cargo policial, y cuya misión principal es erradicar a aquellos que se resisten a tomar Prozium porque desean sentir.
La película prometía, pero la verdad es que no vale un pimiento. Su desgracia es convertirse en género de acción, desde el momento en que se escuchan más disparos que palabras. Sin embargo la historia no es del todo mala, me decidí a verla porque tiene bastantes tintes de «Un mundo feliz» (rechazo de los sentimientos), «1984» (la figura de un ser humano que controla a todos los demás) y «Farenheit 451» (alguien decide traicionar al sistema).
Antes de venirme a Estocolmo y despedirme de mis amigos de Toledo, conocimos en el parque del Circo Romano a un joven que pasaba por allí y que pretendía recorrer media España a base de autostop y durmiendo en parques (por suerte era verano).
En pocas palabras, Christopher McCandless es un joven estadounidense que finaliza sus estudios universitarios y decide evadirse de la sociedad a espaldas de su familia, trazando un largo viaje hasta Alaska viviendo sólo con lo imprescindible.
El largometraje merece la pena y da una buena lección de humildad para aquellos que han perdido los valores en la sociedad occidental. Sin embargo el punto de vista es un poco optimista: creo que no se reflejan con dureza los problemas que pudo tener Christopher McCandless durante su viaje (excepto al final) ni la acción de los servicios de búsqueda de desaparecidos. Quizás sea para rebajar un poco el drama.