
Atención: el punto de vista expuesto a lo largo de este artículo es de carácter personal y por tanto no representa a la totalidad de la Junta Directiva del C.EE.T., al Pleno o a mi escuela.
Día 7
Reunión informal con la nueva Junta Directiva
A media mañana por fin conseguimos algo de tiempo para reunirnos con la nueva Junta Directiva. El encuentro fue completamente informal, en una cafetería frente a nuestro hotel, y la conversación fue puramente formativa.
Se notaba que todos estábamos muy cansados debido a la cena de gala de la noche anterior: Javi Cambra y yo intentamos no abrumar mucho, así que les explicamos cuáles eran los libros y papeles que tenían que guardar y cómo hacer los trámites más urgentes.
Por suerte teníamos a punto un documento-guía actualizado donde se resumían los asuntos y deberes más importantes, así que se lo hicimos llegar con cierta brevedad.
Al contrario de lo que me esperaba, yo me sentí con bastante energía para aguantar la última reunión. ¡Menos mal que los demás tenían cerca un buen café y tostadas!
Una fugaz despedida
Después de abandonar la habitación del hotel, permanecí poco más de una hora en el hall, informándome de cómo llegar a Alicante en cercanías y así coger mi tren de las 16:00h a Madrid.


Durante este periodo de tiempo casi todos los asistentes al congreso pasaron por la puerta y compartimos una cálida despedida. Sin embargo, antes de darme cuenta era yo el que tenía que marcharse y cómo no, nunca me faltaría algo de prisa.

Dado que en un par de días volvería a Estocolmo, me dio una pena terrible tener que despedirme de las cuatro personas que escribieron uno de los mejores capítulos de mi vida: Agustín Mingorance, Manuel García Torrado, Manolo Muñoz Fuentes y Javier Cambra Enguix.
¡Jamás os olvidaré!
Como estaba lloviendo a mares y no quería retrasarme mucho, dije un simple “hasta pronto” y me monté en el taxi.
La vuelta a Estocolmo
En la Estación de Atocha me esperaba mi santa madre, Kike y Carmen, que quisieron aprovechar mi estancia en España al máximo. Llegué a casa algo enfermo y con muchas ganas de descansar, pero no me quedaba otra que coger el avión a Suecia.
Sabía que me esperaban unos cuantos días por delante recordando cuán magnífico y emotivo fue para mí el XX Congreso de Estudios de Telecomunicación.
Con este último gesto dejaría para siempre la representación estudiantil, teniendo el privilegio de ser la voz del alumno: desde las delegaciones hasta el C.EE.T..
En este camino donde se actúa sin pedir nada a cambio sólo hay un beneficio único e innegable: las personas. Nada de esto hubiera tenido sentido si no os admirara a muchos de vosotros.