
Una vez llegados a Estocolmo y comenzando de nuevo las clases, a Urko y a mí nos entraron muchas ganas de viajar a algún sitio, ya que las asignaturas que estudiamos consumen la totalidad de nuestro tiempo libre. Urko consiguió una oferta para viajar prácticamente gratis a Helsinki. Es una pena que el viaje no saliera, ya que casi siempre nos falta alguien (estos descuentos sólo son aplicables para cabinas de 4 personas). Como el tiempo es oro, cambiamos destino y buscamos billetes de tren para Gotemburgo (segunda ciudad más grande de Suecia) y de la noche a la mañana aparecimos allí. Ya contaré más adelante cómo conseguimos viajar a un precio asequible.



No compramos billete de vuelta ni reservamos ningún hostal, aunque sí teníamos buenas referencias. Como llegamos bien temprano, nos dio tiempo a pasarnos por la Oficina de Turismo de Gotemburgo, donde una chica bastante agradable nos explicó todo lo que queríamos saber: qué lugares y museos visitar, cómo movernos en transporte público y cómo llegar a nuestro hostal. En esa misma oficina compramos un pase de turista de 48h (aproximadamente 39€), y aunque los lugares más interesantes estaban cerrados hasta la primavera, decidimos comprar el pase porque incluía los viajes en tranvía y autobús.


Bajo una tormenta de nieve espantosa llegamos al hostal elegido, el Slotts Skogens. Por 24,5€ la noche estuvimos en una habitación bastante acogedora con grandes ventanas. Sin embargo, los baños eran compartidos (ya lo sabíamos de antemano) y también había una cocina completa a nuestra disposición. Cerca del hotel había varios supermercados (Lidl y Hemköp, entre otros), además de varias cafeterías y pubs.
Pasamos tres días en la ciudad (del miércoles 27 al viernes 29) y aprovechamos para recorrer la ciudad y visitar, entre otros:








Por la noche ponían películas en el hostal en una de las salas, gracias a un proyector y un sistema de sonido envolvente. Viendo «The boat that rocked» conocimos a Pablo, estudiante Erasmus español que había pasado 6 meses en Malmö. Con él fuimos al bar Kelly’s de Gotemburgo, donde nos tomamos unas buenas cervezas.
A la noche siguiente recorrimos la ciudad y entramos en tres sitios. En el primero (Palatset), asistimos a un concierto de rock, aunque al instante nos dimos cuenta de que la edad media rondaba los 50. ¡Había más patas de gallo que en un corral! Temiendo que nos catalogaran como jovencitos en busca de maduritas con experiencia, al acabar el concierto cambiamos de lugar.
Probamos un pub irlandés pero no nos convenció: donde más tiempo pasamos fue en Berså: un pub-disco para gente joven (pero nada barato, para ser jueves, entrada a 5€).
En definitiva, Gotemburgo es una ciudad estupenda, acogedora y fácil de recorrer. No dudo en visitarla de nuevo, cuando el buen tiempo regrese.

